La
Conferencia de Madrid
FELIPE
GONZÁLEZ MÁRQUEZ 10 SEP 1980
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En
la situación internacional más difícil y compleja que se ha producido desde la
segunda guerra mundial, va a celebrarse en Madrid la Conferencia sobre
Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE).A nivel mundial, la intervención
soviética en Afganistán, precedida por la crisis de los misiles en Europa y
acompañada por los acontecimientos de Polonia y un clima de violación
sistemática de derechos humanos, ha puesto en entredicho toda la dinámica de
distensión y ha frenado bruscamente un clima de relativa cooperación
Este-Oeste, lenta y laboriosamente creada.
También
nuestro país atraviesa por una situación oscura en relación con sus principales
problemas internacionales: el proceso de integración en la CEE, las
negociaciones sobre Gibraltar, el conflicto en el Mogreb, etcétera... Y en este
cuadro, las declaraciones de¡ ex ministro de Asuntos Exteriores, estableciendo
un calendario para el ingreso en la OTAN, que han roto la posibilidad de una
política exterior de Estado en torno a la conferencia, limitando gravemente
nuestras posibilidades para desarrollar en la misma un papel propio y
relevante.
No
obstante, y a pesar de que desde la intervención en Afganistán, todo el mundo
parecía esperar el lanzamiento de la primera piedra contra la Conferencia de
Madrid, ésta constituye una ocasión importante, tal vez decisiva, para rescatar
el proceso de distensión y fomentar la cooperación. Desde una óptica
socialista, ello es fundamental, no sólo porque necesitemos frenar las
posibilidades de un conflicto de consecuencias catastróficas a nivel europeo y
mundial, sino porque la radicalización de las posiciones Este-Oeste pueden
estar favoreciendo las posturas occidentales más conservadoras y las posiciones
más cerradas desde el punto de vista totalitario del Este.
Una
más estrecha cooperación
Los
acontecimientos de Polonia, en los que no parece cuestionarse un proyecto
socialista, sino la ausencia de un pluralismo imprescindible para el ejercicio
de la libertad, y la existencia de una identidad total entre el partido único y
el Estado, pone de manifiesto que una flexibilización sólo será posible en los
países comunistas si ésta se produce al amparo de una relación más estrecha de
cooperación entre la Europa occidental y oriental, al mismo tiempo que se
garantiza un mecanismo de convivencia a través de instrumentos como la CSCE. No
es impensable que se reproduzcan situaciones como la de Hungría de 1956 o como
la de Checoslovaquia de 1968, aunque no cabe duda de que sus repercusiones
actuales serían aún más graves y complejas para la propia Unión Soviética.
Pero,
por otra parte, la actual popularidad de Reagan en EEUU y el mismo enfoque
agresivo de la campaña electoral de Strauss en Alemania, por sólo citar dos
ejemplos, pone de relieve que en el mundo occidental son las opciones más
conservadoras las que pueden aprovechar una ausencia de distensión
internacional.
Por
ello, pensamos que la Conferencia de Madrid debe tener éxito y convertirse en
un paso importante para reiniciar el proceso interrumpido.
La
complejidad de las relaciones internacionales y la enorme carga psicológica a
niveles populares que rodean las cuestiones de seguridad aconsejan tener en
cuenta ahora un dato importante: la reunión de Madrid no puede ser una
repetición de lo ocurrido en Belgrado, en la que el tema de los derechos
humanos más que una preocupación seria, se convierta en un arma arrojadiza por
algunos de los interlocutores, mientras que para los otros lo único que tenga
importancia sean las cuestiones de seguridad. Volveríamos a encontramos frente
a la estéril demagogia que persiguió la reunión de Belgrado y que la condujo al
fracaso.
La
Conferencia de Madrid debe cumplir una serie de objetivos específicos y
posibilistas, en el marco de un perfecto equilibrio respecto a la intensidad
con que han de tratarse los temas adscritos a los diferentes cestos o
comisiones de trabajo.
Objetivos
específicos y posibilistas
En
el primer cesto, la CSCE debe avanzar en el terreno de las medidas que
impliquen un desarme equilibrado que, sin significar el debilitamiento de
cualquiera de las partes frente a las otras, permita el afianzamiento de un
clima de confianza. Como los temas de seguridad son verdaderamente complejos,
no se podrá esperar de esta conferencia una larga lista de medidas concretas.
No obstante, junto a algunos acuerdos que podrían alcanzarse en las llamadas
medidas de confianza (CBM en la terminología de los técnicos) en esta reunión
de Madrid, puede tomarse la iniciativa de convocar para 1981 una conferencia de
desarme en el marco europeo, con un mandato suficientemente detallado para que
se consiga no sólo el éxito de la Conferencia de Madrid, sino que la posterior
de desarme pueda trabajar sobre objetivos concretos, y no sobre simples buenos
propósitos.
Cabría
esperar que esta conferencia de desarme se institucionalizara con reuniones
periódicas y, mediante el establecimiento de un organismo de control y de
seguimiento, quedase ligada a la CSCE en sus futuras reuniones. Tendrá que
abarcar tanto el desarme convencional como nuclear en toda el área europea,
buscando el modo de lograr en diferentes fases un desarme paulatino y
equilibrado, controlado mutuamente y con la participación en el proceso de los
signatarios del Acta de Helsinki en condiciones de igualdad.
En
el segundo cesto, que trata de la cooperación y cuyo tecnicismo y falta de
espectacularidad lo ha convertido en el «pariente pobre» de los demás cestos
ante la opinión pública, es necesario seguir trabajando, pues, como se puede
comprobar con la ostpolitik que practica la RFA, la base de una distensión
radica en un complejo y tupido entramado de relaciones económicas, tecnológicas
y culturales entre el Este y el Oeste. La actual crisis energética ha puesto de
relieve la necesidad que tienen los Estados industrializados,
independientemente de su modelo socioeconómico, de lograr un nuevo sistema de
cooperación económica en el marco de un nuevo orden económico internacional. Se
debe, pues, avanzar en la armonización de los intercambios entre los sistemas
económicos existentes en Europa, enfocando los progresos que se hagan en este
ámbito como una plataforma que permita también un diálogo Norte-Sur eficaz, en
el que se comprometan los países industrializados y los del este europeo. La
protección del medio ambiente, el intercambio tecnológico y científico deben
entenderse como un instrumento de la distensión, y en este ámbito la CSCE debe
contemplar la creación de órganos propios de seguimiento.
Un
"cesto" fundamental
El
tema de los derechos humanos preside el tercer cesto, y, sin duda alguna, es
fundamental, pues en su respeto radica la garantía de una Europa libre y no
mediatizada Pero cuando se habla de derecho, humanos no se puede limitar e
debate a su faceta de derechos individuales, pues éstos no tiener sentido si no
se apoyan en una concepción justa de las relaciones socioeconómicas. La
libertad continúa siendo escasa, pero tambiér son ignorados el derecho al trabajo,
a la educación o a la salud, por citar unos pocos ejemplos. En esta reunión de
Madrid debe avanzarse en el campo de lacooperación humanitaria, contemplando
tanto sus aspectos individuales como sociales, y en este contexto debe
prestarse especial atención a la libre circulación de las personas y de la
información, intensificarlo, intercambios culturales y educativos y promover la
protección y e intercambio de los valores culturales de las minorías nacionales
o regionales.
Presencia
de los países mediterráneos
Junto
a los tres cestos de la CSCE está la cuestión de la presencia en la conferencia
de los Estados mediterráneos no europeos, presencia que sin duda alguna plantea
problemas. Sin embargo, hay que recapacitar sobre la misma denominación de la
conferencia, que lo es «sobre la seguridad y la cooperaciónen Europa». La
presencia de dos miembros de pleno derecho situados al otro lado del Atlántico
por su pertenencia a la OTAN subraya lo evidente: lo europeo está afectado por
lo que ocurre fuera del viejo continente, e incluso cabría añadir que aunque la
URSS es geográficamente europea, su carácter de gran potencia le confiere en
realidad, al igual que EE UU, una dimensión mundial, es decir, en este caso
supraeuropea. La CSCE tampoco puede pues ignorar lo que piensan los países
mediterráneos, africanos o asiáticos, porque son los vecinos inmediatos de los
europeos, y el Mediterráneo, más que una línea divisoria, es un lugar de
encuentro o, si se quiere, de tensiones. Por ello, todos estos países deben poder
tener acceso a las reuniones de la conferencia, y si bien es cierto que ello no
es posible como miembros de pleno derecho, la fórmula que se adopte debe
permitir que sus opiniones sean conocidas y, también, tenidas en cuenta.
Además, la reunión en Madrid de la CSCE debe ser la base de partida para la
convocatoria de una Conferencia de Seguridad y Cooperación en el Mediterráneo,
en la que puedan participar, junto a los dos grandes, todos los Estados
ribereños, para permitir así en el futuro el establecimiento de un sistema de
seguridad y cooperación complementario al estrictamente europeo, si bien ello
no será posible sin la previa solución del conflicto de Oriente Próximo y la
desaparición de las actuales tensiones en el Magreb.
España:
actitud imparcial
Finalmente
desde la perspectiva del papel que España ha de desempeñar en esta reunión de
la CSCE, hay que tener muy presente que, cuando Madrid fue elegida en 1978 como
sede de esta reunión de 1980, esta decisión estaba enmarcada por la
circunstancia de que España habría recobrado su carácter democrático y por el
hecho de que no formaba parte de ninguno de los dos bloques militares, aspecto
este último que había sido determinante en la elección de Finlandia y
Yugoslavia como países anfitriones de las dos reuniones anteriores. Por ello,
si bien es cierto que España no debe limitar el ejercicio de su plena soberanía
en las posturas que habrá de adoptar durante la celebración de la conferencia
por el hecho de ser el país anfitrión, con más motivo no puede ni debe ser
rehén de las posturas que vayan a adoptar determinados países miembros de una
alianza militar. El papel de España, en su calidad de país sede de esta
reunión, está bien claro: una actitud imparcial que le permita en los momentos
cruciales ser mediadora de posturas encontradas, para facilitar, e incluso
permitir, el éxito de la conferencia. En este sentido, las declaraciones del
titular de Asuntos Exteriores hace apenas unos meses señalando un calendario
para el ingreso de España en la OTAN han dañado gravemente las posibilidades
españolas de desempeñar, con todo el relieve deseable, el papel que le
correspondía y que se le brindaba al celebrarse la conferencia en Madrid. Sin
duda alguna, estas extemporáneas declaraciones, cuyo contenido no comparte el
PSOE, no han contribuido por su inoportunidad a mejorar el clima de tensión que
rodea la celebración de esta reunión debido a la actual situación
internacional. Se está a tiempo aún de rectificar este error, de recuperar para
España un papel propio, y no mediatizado, y en este contexto, y dentro de la
propia independencia de criterios que le exige su soberanía, mantener un
estrecho contacto durante esta reunión de la CSCE con aquellos países que, como
Suecia, Austria, Finlandia, Suiza o Yugoslavia, no son miembros de ninguno de
los dos bloques militares.
Felipe
González es secretario general del PSOE.
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